Una web abandonada no se apaga de un día para otro. Es más parecido a un local sin limpiar: durante meses no pasa nada visible, y cuando se nota, arreglarlo cuesta bastante más que haberlo cuidado.
Lo primero: el candado
Si el certificado caduca, el navegador deja de mostrar tu web y enseña una pantalla roja avisando de que el sitio no es seguro. La mayoría de la gente se da la vuelta ahí mismo. Es lo más rápido de arreglar y lo que más clientes te cuesta mientras dura.
Después: los agujeros
Las webs se construyen sobre programas que se actualizan a menudo, muchas veces porque alguien ha encontrado una forma de colarse. Si nadie aplica esas actualizaciones, tu web se queda con la puerta abierta. No hace falta que nadie te tenga manía: hay programas que rastrean internet buscando webs desatendidas.
Y lo más silencioso: el contenido
Horarios que ya no son, un teléfono antiguo, precios de hace dos años o una promoción de las navidades pasadas en pleno junio. No rompe nada técnicamente, pero le dice a quien entra que ahí no hay nadie.
Qué incluye un mantenimiento razonable
- 01Actualizaciones de seguridad y revisión de que todo sigue funcionando.
- 02Copias de seguridad comprobadas, no solo programadas.
- 03Renovaciones de dominio y certificado antes de que caduquen.
- 04Un rato al mes para cambios pequeños de contenido.
Si tu web es una tarjeta de visita que no cambia nunca, puede que te baste con lo mínimo. Si de ella salen clientes, presupuestos o pedidos, tratarla como una parte más del negocio sale más barato que rescatarla.