Se habla de webs como si montarlas requiriera diez servicios distintos. En realidad hacen falta tres cosas, y solo dos se pagan todos los años.
El dominio: tu dirección
Es lo que la gente escribe para llegar a ti: tunegocio.com. Se alquila por años y es la partida más barata de todo el proyecto. Elígelo corto, fácil de dictar por teléfono y sin guiones ni números raros: te lo vas a pasar diciendo en voz alta más de lo que crees.
Un consejo que evita disgustos: que el dominio esté a tu nombre, no al de quien te hace la web. Es tu dirección, igual que el local de tu negocio.
El alojamiento: dónde vive
Los archivos de tu web tienen que estar en un ordenador encendido las veinticuatro horas para que cualquiera pueda verlos. Eso es el alojamiento, y también se paga por años. Para una web de negocio normal no es una partida que vaya a condicionarte el presupuesto.
El contenido: lo que cuesta de verdad
Aquí es donde se atascan casi todos los proyectos, y no es por dinero. Los textos que explican qué haces, las fotos de tu local o de tu producto, tu logotipo si lo tienes. La parte técnica se resuelve en días; reunir buen material puede llevar semanas si no te pones.
- 01Qué haces y para quién, en tus palabras.
- 02Fotos decentes: del sitio, del equipo o de lo que vendes.
- 03Datos de contacto y horarios, si atiendes al público.
- 04Tu logotipo en buena calidad, si ya tienes uno.
Lo que no necesitas todavía
Un blog desde el primer día, mil integraciones, un chat automático o estar en todas las redes sociales. Todo eso se puede añadir cuando la web funcione y sepas qué te hace falta. Empezar por ahí es la mejor forma de no publicar nunca.